Historia del anillo de compromiso, la evolución desde Roma a los diamantes modernos

Hay objetos que, sin decir una palabra, lo dicen todo. El anillo de compromiso es uno de ellos, ya que es una pieza pequeña, brillante (a veces discreta), que se carga en el dedo y se siente en el corazón. Actualmente lo asociamos con una pedida de mano, fotos espontáneas y un ‘para siempre’ que se celebra en familia. Pero la historia del anillo de compromiso es mucho más antigua, y sorprendente, de lo que solemos pensar.
Por supuesto, que esta sortija atesora la promesa de amor y, cuando se acepta, es un compromiso “eterno”, el cual no debe ni puede tomarse a la ligera. Del mismo modo, la elección de esta joya es importantísima.
Aunque muchas veces hemos visto en películas y series, que alguien se arrodilla y se comprometen espontáneamente, sin una sortija formal, más bien con una hecha con papel, aluminio, el anillo de una lata, de dulce o hasta un aro de cebolla, lo cual nos deja claro qué es lo realmente significativo: la intención de un amor profundo. Así que, cuando el momento es romántico, poco importa el material, las piedras preciosas o cuánto cuesta el anillo de compromiso. ¿A poco no?
Historia del anillo de compromiso
Detrás de ese círculo perfecto hay siglos de costumbres, acuerdos sociales, gestos íntimos y hasta campañas publicitarias que cambiaron para siempre la idea de “la piedra ideal”. Por ello, viajar por la historia del anillo de compromiso es descubrir cómo el amor ha buscado en cada época, una forma de volverse visible.
Los orígenes en Egipto y la Antigua Roma
El primer vestigio de un anillo de compromiso data al Antiguo Egipto, hace más de cuatro mil años, cuando las futuras novias lo lucían en el dedo anular. Sin embargo, lo verdaderamente relevante, es que ahí se le dio el significado a la forma redonda, la cual representa la eternidad, sin un principio ni un final. Además, el hueco de la argolla simboliza el amor inmortal.
Por su parte, si bien muchas culturas usaron aros como símbolo de unión, una de las raíces más citadas en la historia del anillo de compromiso aparece en la Antigua Roma. Ya que ahí se popularizó el anillo de esponsales o betrothal ring, un aro que funciona como señal pública de un compromiso formal. Además, de acuerdo con el Gemological Institute of America (GIA), los romanos introdujeron este anillo como un aro sencillo de hierro, y en ciertas ocasiones, también de oro.
Es muy importante entender, que en esa época, el anillo no siempre hablaba de romanticismo como lo entendemos hoy en día, sino de un pacto: una promesa socialmente reconocida, con implicaciones familiares y patrimoniales. En otras palabras, se usaba como símbolo de propiedad, en el que las mujeres pasaban de estar bajo la tutela de sus padres, hermanos o tíos a la de su futuro esposo. De hecho, gracias al cielo, con el tiempo el significado fue cambiando, dejando así el gesto, mientras el corazón empezó a ganar terreno.
¿Por qué el anillo de compromiso va en el dedo anular?
Entre las diferentes razones, hay una muy poética (y polémica) pero que sigue latiendo en la tradición: la idea de que el cuarto dedo de la mano tiene una conexión directa con el corazón.
Incluso la Encyclopedia Britannica recuerda está creencia antigua de la vena llamada amoris, también conocida como la vena del amor, la cual supuestamente está ubicada en el dedo anular y está conectada directamente al corazón. Se trata de una imagen romántica que ha sobrevivido hasta nuestros días, aunque la ciencia la haya desmentido.
Aun así, ¿lo más bonito? Que, aunque el cuerpo no funcione como este mito, en lo simbólico sí. Porque al llevar el anillo en ese dedo se volvió una forma de decir “lo nuestro toca el corazón”.
¿Por qué no se da otra joya en lugar del anillo de compromiso?
Aunque hoy parece incuestionable, el anillo de compromiso no siempre fue la única joya para simbolizar una promesa de matrimonio. Es más, a lo largo de la historia y en distintas culturas, el compromiso se ha representado con collares, pulseras, broches o incluso con conjuntos completos de joyería. Esto especialmente en regiones de Medio Oriente y Asia, donde el oro y las piezas visibles simbolizan prosperidad, unión familiar y estabilidad futura.
Sin embargo, en occidente el anillo se impuso por una combinación única de simbolismo, funcionalidad y visibilidad. Ya que, su forma circular (sin principio ni fin), lo convirtió en una poderosa metáfora del amor eterno. Mientras que su tamaño discreto y su uso cotidiano permitieron que la promesa se llevara siempre puesta, sin estorbar ni ocultarse.
Por lo tanto, a diferencia de un collar o una pulsera, el anillo es más fácil de usar todos los días y se reconoce de inmediato como señal pública de compromiso.
La Edad Media y el Renacimiento
Luego, mucho antes de que los diamantes se convirtieran en “protagonistas”, hubo anillos eran prácticamente cartas de amor en miniatura.
En Europa, se hicieron populares los posy rings (o poesy ring). Se trataba de aros con frases grabadas con versos o mensajes íntimos, los cuales transformaban la joya en un secreto compartido. Al respecto, el joyero Berganza explica que su nombre viene de “Poésy” (poesía), y que estas piezas circularon desde finales de la época medieval en adelante como símbolos afectivos.
Y sí, el romanticismo ya estaba ahí, tallado por dentro, pegado a la piel, como una promesa que se repite sin ruido. De hecho, aunque es una tradición antigua, esto es algo que se sigue aplicando a los anillos de compromiso.
El primer anillo de compromiso con diamante
Si hay una fecha que aparece una y otra vez en la historia del anillo de compromiso moderno, es 1477.
Múltiples fuentes, como la American Gem Society, señalan que en ese año el archiduque Maximiliano de Austria encargó un anillo de diamantes para su prometida María de Borgoña. De esta forma, es considerado el primer anillo de compromiso con diamante documentado, lo cual fue un gesto que marcó tendencia entre aristócratas europeos durante siglos.
Cabe aclarar, que esto no significa que antes no existieran joyas valiosas o anillos con piedras, pero este momento se volvió un punto de referencia. Así es cómo el diamante empezó a escribir su leyenda como símbolo de un vínculo indestructible.
El Siglo XX con “A Diamond is Forever”
Lo que hoy damos por hecho (que ÉL anillo de compromiso es el que ostenta un diamante), se consolidó en el siglo XX, y no solo por el romance, sino gracias a la cultura pop, el cine… y la publicidad.
Y es que el slogan de “A Diamond is Forever” (‘Un diamante es para siempre’ en español), fue creado en 1947 por la redactora Frances Gerety, y se volvió una de las frases más influyentes en la historia del marketing de diamantes.
Mientras tanto, el propio GIA documentó cómo la industria y el imaginario social se fueron entrelazando hasta convertir el diamante en el “lenguaje estándar” de la pedida de mano en buena parte de Occidente.
En otras palabras, el anillo de compromiso se volvió una tradición global porque tocó un punto sensible de la emoción humana (compromiso, eternidad, pertenencia), y encontró una estética que lo hacía inolvidable.
La regla de cuánto debe costar el anillo de compromiso
Seguro has escuchado alguna vez eso de que el anillo de compromiso debe costar entre dos o tres meses de salario del prometido. Pero, esta ‘regla’ no es un mandato histórico inamovible, sino más bien una idea promovida por la industria de la joyería durante el siglo XX. También, para posicionar el diamante como símbolo de estatus y permanencia.
Hoy esa imposición es cada vez menos rígida y prácticamente obsoleta en muchas parejas modernas. Así mismo, los expertos en joyería señalan que el costo ideal debe nacer del diálogo y de un presupuesto que los dos consideren cómodo, sin poner en riesgo sus finanzas o crear presión innecesaria. Además, que ya no es tan imprescindible tener el anillo como un bien por si el esposo llega a faltar y es necesario venderlo o empeñarlo.
El anillo en la actualidad: menos ‘reglas’, más historia personal
En los últimos años, el anillo de compromiso ya no tiene una sola forma de ser. Por ejemplo, hay parejas que eligen diamantes naturales, otras apuestan por laboratorio, moissanitas, muchas buscan piezas vintage (como la de Taylor Swift), anillos de color, piedras preciosas con significado o diseños hechos a la medida.
De hecho, esa evolución tiene todo el sentido del mundo, ya que el anillo regresa a su esencia más poderosa: ser una promesa con identidad. Incluso, la tendencia actual apunta hacia la personalización y el valor emocional del diseño por encima de “lo tradicional” o el costo, con un auge en la joyería artesanal y piezas con narrativa propia.
La historia del anillo de compromiso que aprendió a decir ‘te elijo’
La historia del anillo de compromiso es, en el fondo, el relato de cómo el amor ha buscado materializarse a lo largo del tiempo. Nació como un acuerdo social, evolucionó hacia un símbolo de unión emocional y hoy se resignifica como una promesa profundamente personal. Desde las argollas de hierro romano hasta los diamantes (naturales o de laboratorio) y los diseños hechos a la medida, esta joya ha sabido adaptarse a cada época sin perder su esencia.
Porque más allá del material, el tamaño de la piedra o su precio, el verdadero valor del anillo de compromiso está en la intención con la que se entrega y se acepta. Al final, el anillo es el símbolo más poderoso de una decisión compartida sin importar cómo cambien las tendencias.
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